lunes, 10 de octubre de 2016

Renuncia por adelantado... La calentura de Damiani anticipó lo que Pereyra le contó por celular a los consejeros.

Dos o tres muchachos con gorros y camisetas de Peñarol, que seguramente —por su aspecto y el sobregiro vocal y gestual al manifestarse— eran de los que van a la Ámsterdam, aunque tal vez no barrabravas, esperaban al costado del ómnibus que llevaría a Peñarol desde Jardines del Hipódromo a Los Aromos y, después que subió Da Silva, serio, circunspecto, sin decir palabra, poco antes de que se cerrara la puerta, gritaron mientras golpeaban las palmas de sus manos contra la carrocería del rodado: "¡Vamo´ arriba muchachos, que no pasa nada!"


Ahí y en ese momento, no; claro. No había tiempo ni espacio. Sin embargo, pasaba. O era evidente que iba a pasar al poco rato, como se podía prever unos minutos antes, cuando Juan Pedro Damiani se retiró del palco delante de Walter Pereyra, Carlos Casarotti y Fernando Errico, que habían visto el partido junto al presidente pero al salir no consiguieron seguirle el paso, y ante el ademán del portero de franquearle la entrada a los vestuarios le franqueó el ingreso, respondió con un tajante: "No, no, entro"; tras lo cual el "1" aurinegro estiró su marcha como tromba en dirección a la calle.
Además, cuando Ovación caminó junto a Damiani y quiso preguntarle por lo obvio, que era la situación de Da Silva, el "pope" aurinegro contestó con un "no, perdonáme, hoy no hablo… no hablo", pero con una voz temblorosa por la calentura, como si esa contestación le hubiese nacido, en vez de la garganta, en el fondo del alma.
No importaba si con la derrota de Peñarol, y por el triunfo de Danubio, el camino hacia el título del Uruguayo Especial —que la realidad demostraba que para los aurinegros era cosa del pasado— no le quedaba tan libre al tradicional adversario. Por cómo iba y hablaba Damiani, no era cierto aquello de "¡vamo´ muchachos, que no pasa nada!": pasaba.
Por si faltaba una señal, la dejó el siempre compuesto, cauto y calmo Walter Pereyra que, sin perder ninguno de sus rasgos, cuando Ovación lo acompañó por unos metros y le comentó si no le parecía que Peñarol había jugado mejor que contra Plaza, respondió con seriedad y, aunque amablemente, sin dar lugar a más comentarios: "Sí…pero el resultado es el mismo".
No precisaba que el vicepresidente aurinegro lo dijera: la continuidad de "Polilla" no soportaba, aunque más no fuera estadísticamente, otro resultado desfavorable; por más que hubiese sido contra el Barcelona, el Real Madrid, o cualquiera de los Manchester: el City o el United.
Con un plantel cuantitativa y cualitativamente recontra reforzado con respecto al de la temporada pasada, antes de llegar a la mitad del Uruguayo Especial, Peñarol quedó sin chance real de pelear por el título y, por ende, lograr el objetivo al que la dirigencia había apuntado: el bicampeonato. Más aún: en siete fechas, los aurinegros ganaron sólo 6 puntos (el 28%) de los 21 disputados; y si se considera que desde el clásico del Torneo Clausura pasado a hoy jugaron 14 partidos y que en los 90 —porque la final con Plaza la ganaron en alargue— sólo vencieron a Fénix, el saldo es muy magro para un cuadro grande del fútbol uruguayo: en ese lapso, incluyendo su fugaz y frustrada participación en la Copa Libertadores, Peñarol ganó solamente 11 puntos de 39, lo que también representa el 28% de las unidades en juego; tan chata paridad es indefendible, e ilevantable.
De modo que al resto de los consejeros que no fueron con a Damiani a Los Aromos no les llamó la atención cuando cerca de las siete de la tarde Walter Pereyra los llamó uno a uno desde el Complejo "Washington Cataldi" para decirles que Da Silva había renunciado y saludó a todos los jugadores antes de retirarse, y que ya había una decisión tomada: Fernando Curutchet, Coordinador de Divisiones Formativas, asume mañana; aunque ese (ver página 6) es otro tema. Una historia aparte.
A esa hora, perdió validez el mensaje aquel de "¡vamo´ muchachos, que no pasa nada"! Había pasado.